jueves, 29 de mayo de 2008

Fusión

Te quiero.

Quiero abrazarte hasta ahogarte. Apretarte entre mis brazos hasta reventarte las costillas. Quiero estrujarte tan fuerte que cada trozo de tu piel y tu carne sean míos y se fundan conmigo y penetren en mis poros. Quiero beber cada gota de tu sangre, y tragar tus entrañas.

Porque lo que me das (TODO) no es suficiente para sentirte realmente mío. Porque necesito que te introduzcas en mi ser todo tú, no sólo parte de tu cuerpo. Porque necesito que me hables todos los días desde mi interior. Que yo te diga: “Hola”; y tú respondas: “hola mi vida”; como una voz que surge desde mi interior, desde las profundidades de mi mente.

No me conformo con sentir tu piel junto a la mía cuando me abrazas, ni con sentir nuestras bocas unidas. No me conformo con sentir tu sexo en mi interior, sin nada que lo separe de mi sexo. No me conformo con sentir la mezcla de nuestros flujos y de nuestras salivas. No me bastan dedos entrelazados, ni palabras entremezcladas en nuestros labios. No me bastan miradas correspondidas, ni un mismo pensamiento en dos mentes distintas.

Necesito que tu cuerpo se derrita y se introduzca en mi cuerpo. Necesito que nos fusionemos, que nos convirtamos en uno sólo. Ya el sexo no es suficiente.

Te necesito dentro, pero dentro TODO TÚ

.




miércoles, 30 de enero de 2008

La prueba del algodón



A lo largo de mi vida, y sobre todo, de mi vida sexual, he ido elaborando una serie de teorías como supongo que todo el mundo habrá hecho alguna vez.

Siempre he sido bastante liberal, siempre he hecho un poco lo que he querido, aunque también tuve una época de perderme muchas cosas por el qué dirán. Ahora, viviendo en otra ciudad es distinto, nadie te conoce, nadie te juzga, o al menos no te importa en absoluto.

Pues bien, tras probar diferentes tipos de sexo, con diferentes tipos de personas, en diferentes situaciones y lugares he llegado a una conclusión. He conseguido responder a mi pregunta: ¿cuál es el ingrediente común que hace que para mí un polvo sea MUY bueno?

Y he aquí la respuesta: EL SUDOR.

Sí, eso es. La prueba del algodón (o de los clínex, toallitas húmedas y duchas a dúo). El sudor, junto con otros fluidos corporales y obvios a la hora de “consumar” ;p es la prueba evidente de que ese polvo ha merecido la pena. Sí, vale, tener un orgasmo o veinte también pueden ser una buena prueba de ello, pero… Un orgasmo no siempre es el resultado de un buen polvo, y sí de trabajos manuales u orales… El sudor demuestra deseo, pasión y sobre todo implicación. ¿Y qué es el sexo, o mejor dicho, el buen sexo, sino la mezcla de estos tres elementos?

Como todo el mundo, supongo, en mi perversa mente guardo imágenes y recuerdos de algún que otro polvo memorable, digno de evocar de vez en cuando para poner el cuerpo a tono aún sin buscar esto último. Y sí, de acuerdo, mi mejor polvo (por antonomasia) fue el primero en que conseguí correrme por primera vez durante la penetración… pero estoy segura de que aún sin aquel tan esperado orgasmo, aquel polvo seguiría almacenado en los rincones de mi memoria con el título de “EL MEJOR”. Sí, como todo número uno, quizá tiene parte de mito y parte de realidad. De aquello hace ya bastante tiempo, es posible que de entonces a esta parte haya tenido otros mejores… pero sin duda siempre lo recordaré, con cariño, como el mejor… y ¿por qué?

Pues volvemos a lo mismo. Porque la prueba del algodón dio positivo, como nunca hasta ese momento. Debido a las continuas peleas y a las circunstancias no existía ningún tipo de cariño entre nosotros en ese preciso momento y sí odio, rencores, y millones de malas intenciones…
Fue un polvo de supuesta despedida, un polvo “por despecho”, un polvo sin sentimiento alguno hacia la otra parte (el típico polvo de las películas en que la chica está super ofendida y el la calla a base de... en fin ;p) y ese preciso odio, esas ganas de hacernos daño, esa falta de delicadeza entre ambos, fue la que consiguió sacar nuestra parte más animal y hacernos sudar como auténticas bestias en celo.El orgasmo fue increíble, sí, de esos que te dejan inconsciente durante unos segundos y te hacen tocar el cielo... Luego, tanta furia contenida se convirtió en risas por como habíamos dejado el salón (hecho un Cristo), seguido por las típicas tonterías que dicen dos personas que se “quieren” para intentar solucionar algo que ya no tiene solución.


Y bueno, ya finalizando, sólo decir que la publicidad, aunque suele hacerlo, no siempre miente, y algo que me ha demostrado es que … EL ALGODÓN NO ENGAÑA :P.