viernes, 14 de diciembre de 2007

¡Ya! Por favor...

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- ¿Estás segura de esto?
- ¿Por qué, te da miedo? – te digo, rozando tus labios con mis dedos.
- No me jodas, no es miedo… es sólo que…

Me coloco frente a ti antes de que termines de hablar. Te miro a los ojos, mi cara refleja lo que mi mente quiere hacer y tú pareces notarlo porque algo empieza a luchar contra tu cremallera. Acerco mis labios a los tuyos, sin tocarlos, sin dejar de mirarte, mientras tú coges mi culo fuertemente con tus manos, acercándolo al bulto de tus pantalones. Me miras, crees ser más listo que yo, no quieres caer en mi juego y no me besas. Muevo mis caderas, para notar más tu sexo, dejo escapar un pequeño gemido.

- Quiero chupártela - digo con voz suplicante.
- Joder… ¿porque me dices esto ahora?
- Porque es la verdad – muerdo tus labios, todo lo suave que soy capaz. Rozo con mi lengua tu boca, la introduzco y mezclo con tu saliva. Acojo tu lengua dentro de mi boca, la succiono como si no fuese sólo una lengua.
Tus manos empiezan a luchar con mi correa. Tu desesperación por quitarme la ropa es todo lo que necesito para estar mojada y así permitir que tus dedos se deslicen en mi interior, para atraparlos y no dejar que escapen nunca. No podría estar más cachonda de lo que estoy ahora. Y tú lo sabes…

Chupártela… es lo único que tengo en mente. No importa lo que pase alrededor. Si ahora llegase el fin del mundo, me gustaría que me pillase por sorpresa chupándote la polla. Miro a los lados, sonrío. Sabes que nos están mirando, sé que nos están mirando.

- Quiero comerte el coño – me dices mientras me miras a los ojos.
- No… - respondo mientras te bajo la cremallera y me arrodillo frente a ti.

Con la cremallera desabrochada y los pantalones bajados, sólo lo justo, para que tu polla salte sola hacia mi boca, desaprisionándose de la cárcel de tus calzoncillos. Parece saber quién la reclama. Y mi boca parece tener un imán.
Cojo tu polla con la mano, la acaricio. Lamo la punta, despacio… No me la meto en la boca, sólo la disfruto como si de un helado se tratase. Abro la boca, la trago: despacio mi boca, más rápida mi mano…
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- Vas a hacer que me corra… déjame comerte el coño…
- No… - trato de decir mientras te lamo.

Me apartas, no con demasiada delicadeza. Me apoyas contra la barandilla de hierro, está fría.

Bajas mis pantalones. Comienzas a acariciar mi culo desde atrás sin llegar a quitarme el tanga y te acercas a mi coñito, empiezas a notar mi humedad... Abres mis piernas y clavas tu lengua entre mis muslos. Mi clítoris empieza a quemarme. No sé si podré soportarlo mucho más.

Jugueteas con mi rajita, con mi clítoris… necesito que me la metas. Necesito que pares y me claves la polla, fuerte, sin ningún tipo de delicadeza. Pero tú pareces saber lo que deseo y pareces no estar por la labor de complacerme aún.

Vas alterando el ritmo… No llegas a follarme con tus dedos, sólo me acaricias, sólo recorres la entrada de mi vagina haciéndome desearlos dentro, mientras tu lengua me humedece entera… sabes muy bien que necesito ser penetrada de un modo u otro para correrme y lo usas en mi contra. Así sólo consigues ponerme realmente cachonda, deseando que tus deditos se introduzcan de una vez. No quieres que me corra aun ¿verdad? Pues vas por buen camino, estás consiguiendo que me desespere, que me vuelva loca deseando tu polla, estás haciendo que el calor que invade mi cuerpo se vuelva insoportable, sin que el orgasmo llegue aún. Abro más mis piernas, levanto más mi culo, para facilitarte aún más la labor.
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- Quieres que te folle ya, ¿verdad?
- Sí… -suspiro.
- Estás deseando que te clave la polla…
- Métemela ya, por favor – suplico agarrándome a la barandilla, sin poder respirar apenas, sin saber cuanto podré aguantar esta tortura – por favor… Quiero que destroces, que me folles como a una perra…
Te levantas. Me das la vuelta. Me muerdes los labios mientras me miras, casi enfadado…
- Joder, me pones demasiado cachondo…

Me río. Casi a modo de venganza. Sé que te molesta que me ría. Y sé que te vengarás. Me vuelves a dar la vuelta, me apoyas contra la baranda, con fuerza. Coges mis pechos con ambas manos y me clavas la polla, fuerte, sin miramientos. Me duele, pero me encanta que me folles con esa violencia. Quieres que pare de reírme y lo consigues. Mi risa la callan mis propios gritos. No todas las mujeres podemos hacer dos cosas a la vez.

Acaricias mi clítoris con una mano, mientras que empujas con fuerza. Tu otra mano está en mi boca, me la tapas, quieres ver cómo me ahogo en mis propios gritos. Trato de chupar tus dedos, de morderlos, pero no tengo fuerzas… Trato de decirte que sigas follándome así, que me encanta sentir tu polla dentro, pero no me dejas.

De repente siento que el calor de mi cuerpo se dispersa, se concentra en mi pelvis… Siento como mi cuerpo se convulsiona. Siento como me muerdes el cuello mientras mis gritos, descontrolados los caya la palma de tu mano. Siento que voy a desmayarme de un momento a otro.

Cuando abro los ojos todo ha acabado. Y puedo ver a los vecinos desde sus ventanas, observando, sin disimular, sin ocultarlo en ningún momento.

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