No importa quienes nos miren. Ni cuantos ojos se posen en nuestros gestos libidinosos, en nuestros labios húmedos, o en nuestras manos ávidas de rozar la humedad ajena... Siento como tu boca se va deshaciendo en la mía, muerdo tu labio, lo succiono, aprisiono tu lengua dentro de mi boca, quisiera que estuviese así siempre. Ahora paras, me miras coqueta, con esos ojos que harían sublevarse a varios.- Nos mira demasiada gente – dices tímida. Sé que, a pesar de la cara que pones de pícara, la timidez que aparentas es sincera, y que de verdad te resulta extraño estar haciendo esto y más siendo observada. Sé que siempre has estado en contra de éstas cosas. Sé que siempre dijiste que no te atraían las mujeres. Y sé que unas copas de más invitan a la pasión y al descontrol, pero no siempre evitan los prejuicios.
.
- Yo no te he obligado a ponerte cachonda – digo con media sonrisa, mientras con mi mano en tu cintura trato de acercarte de nuevo a mi cuerpo y con la otra comienzo a navegar por debajo de tu falda.
- Yo no te he obligado a ponerte cachonda – digo con media sonrisa, mientras con mi mano en tu cintura trato de acercarte de nuevo a mi cuerpo y con la otra comienzo a navegar por debajo de tu falda.
.
Acaricio tu muslo, suave, noto como se eriza tu vello. Estamos sentadas, junto a la barra que está vacía, pero todo el mundo tiene su mirada puesta en nosotras. La música taladra nuestros tímpanos, las luces de colores y los focos hacen que el calor se apodere de nuestros cuerpos.
Mi mano comienza a deslizarse por el interior de tus muslos.
Acaricio tu muslo, suave, noto como se eriza tu vello. Estamos sentadas, junto a la barra que está vacía, pero todo el mundo tiene su mirada puesta en nosotras. La música taladra nuestros tímpanos, las luces de colores y los focos hacen que el calor se apodere de nuestros cuerpos.
Mi mano comienza a deslizarse por el interior de tus muslos.
.
- Para – casi suplicas con miedo reflejado en tu rostro, mientras abres los muslos para ser acariciada. El cuerpo no sabe mentir.
.
- Sólo consigues excitarme más haciéndote la tímida – digo mientras me abalanzo a tus labios de nuevo como un león sobre su presa y muerdo tu lengua.
- Para – casi suplicas con miedo reflejado en tu rostro, mientras abres los muslos para ser acariciada. El cuerpo no sabe mentir.
.
- Sólo consigues excitarme más haciéndote la tímida – digo mientras me abalanzo a tus labios de nuevo como un león sobre su presa y muerdo tu lengua.
.
Mi mano continúa deslizándose por tu piel. Tus muslos, cada vez más abiertos, me están pidiendo ser devorados. Mis dedos comienzan a acariciar tu ingle, casi más bien rozarla. Ahora rozan apenas tu tanguita. Muerdes mis labios, casi sin querer, sueltas un pequeño gemido, ¿no era esto lo que querías?
Mi mano continúa deslizándose por tu piel. Tus muslos, cada vez más abiertos, me están pidiendo ser devorados. Mis dedos comienzan a acariciar tu ingle, casi más bien rozarla. Ahora rozan apenas tu tanguita. Muerdes mis labios, casi sin querer, sueltas un pequeño gemido, ¿no era esto lo que querías?
.
Aparto el tanga, lo dejo a un lado y noto cómo me deseas realmente, cómo tu humedad empapa mi mano. Noto cómo te excitas. Mis dedos están en la entrada de tu vagina, no llegan a introducirse, sólo la acarician con parsimonia. Mientras, mi pulgar roza con suavidad tu clítoris… Sé lo que sientes ahora mismo... lo sientes ¿verdad? Lo sé porque soy mujer y he sentido lo mismo. Sé que notas ese calor interno, esa especie de cosquilleo previo a un orgasmo que nunca llega, ese calor sofocante, y ese placer casi doloroso que es la excitación que no termina de culminar.
Aparto el tanga, lo dejo a un lado y noto cómo me deseas realmente, cómo tu humedad empapa mi mano. Noto cómo te excitas. Mis dedos están en la entrada de tu vagina, no llegan a introducirse, sólo la acarician con parsimonia. Mientras, mi pulgar roza con suavidad tu clítoris… Sé lo que sientes ahora mismo... lo sientes ¿verdad? Lo sé porque soy mujer y he sentido lo mismo. Sé que notas ese calor interno, esa especie de cosquilleo previo a un orgasmo que nunca llega, ese calor sofocante, y ese placer casi doloroso que es la excitación que no termina de culminar.
.
Sé que en éste momento harías lo que te pidiera, sé que éste es el momento en que, si yo fuese hombre, me suplicarías que te metiese la polla de una vez, que te follase sin compasión, o que al menos te acariciase con más fuerza, que introdujese mis dedos en tu coñito húmedo e hiciese pequeños círculos en tu clítoris, pero no, simplemente prefiero mantenerte en éste estado en que la excitación es casi molesta, y en el que el deseo precisa ser saciado “aquí y ahora”.- Para, para por favor – apoyas tu cabeza en mi hombro, exhausta… ¿parar? No pienso darte tregua.
.
Éste es el momento. Introduzco mis dedos en tu coñito, poco a poco mi índice y mi corazón están en tu interior, mojados, empapados, y tu boca, al abrirse para emitir un gemido que al rozar mi oreja hace que mi vello se erice, acaricia mi hombro, lo humedece..
.
Éste es el momento. Introduzco mis dedos en tu coñito, poco a poco mi índice y mi corazón están en tu interior, mojados, empapados, y tu boca, al abrirse para emitir un gemido que al rozar mi oreja hace que mi vello se erice, acaricia mi hombro, lo humedece..
.
Mis dedos se mueven dentro de ti. Mientras tú suspiras, acaricio tu clítoris y mis dedos en tu interior exploran para hallar tu placer. Intentas besarme pero tu boca no tiene fuerzas para hacerlo y en un momento dado muerdes mi labio con demasiada fuerza, llevada a ello por el placer que te estoy provocando.Quiero, ¡no! Necesito que me supliques que te folle… Necesito que me supliques que te lleve a mi casa, que te desnude lentamente y que te ate a la cama. Que te coma entera. Necesito que me supliques que muerda tus labios (los que aún no he mordido) y que te meta cositas por el coño. Necesito que me supliques que te desgarre, y que te haga sentir lo que ningún hombre te ha hecho sentir. Lo necesito, lo necesito…
.
Pero sólo escucho gemidos, sólo escucho tu respiración entrecortada… y de repente, todo tu cuerpo tiembla, tu boca se abre, buscando la mía, noto el sudor resbalando por tu frente y cómo tu corazón bombea con fuerza. Tus mejillas sonrosadas, tus labios color sangre. Tomas aire...
Mis dedos se mueven dentro de ti. Mientras tú suspiras, acaricio tu clítoris y mis dedos en tu interior exploran para hallar tu placer. Intentas besarme pero tu boca no tiene fuerzas para hacerlo y en un momento dado muerdes mi labio con demasiada fuerza, llevada a ello por el placer que te estoy provocando.Quiero, ¡no! Necesito que me supliques que te folle… Necesito que me supliques que te lleve a mi casa, que te desnude lentamente y que te ate a la cama. Que te coma entera. Necesito que me supliques que muerda tus labios (los que aún no he mordido) y que te meta cositas por el coño. Necesito que me supliques que te desgarre, y que te haga sentir lo que ningún hombre te ha hecho sentir. Lo necesito, lo necesito…
.
Pero sólo escucho gemidos, sólo escucho tu respiración entrecortada… y de repente, todo tu cuerpo tiembla, tu boca se abre, buscando la mía, noto el sudor resbalando por tu frente y cómo tu corazón bombea con fuerza. Tus mejillas sonrosadas, tus labios color sangre. Tomas aire...
.
- Sonia… - me hablas, casi suspiras…- Dime – respondo mirándote con sonrisa torcida, de victoria, de orgullo.- Vámonos a tu apartamento por favor… - dices con carita de niña buena, medio avergonzada.
- Sonia… - me hablas, casi suspiras…- Dime – respondo mirándote con sonrisa torcida, de victoria, de orgullo.- Vámonos a tu apartamento por favor… - dices con carita de niña buena, medio avergonzada.
.
- ¿Te has quedado con ganas de más? - pregunto con cara de vicio mientras miro tu entrepierna y me muerdo los labios - creía que decías que...
.
- Aquí hay demasiada gente - te quejas.
- Estamos muy lejos de tu ciudad, que importa que nos vean - digo intentando calmarte.
- Aquí hay demasiada gente - te quejas.
- Estamos muy lejos de tu ciudad, que importa que nos vean - digo intentando calmarte.
.
- No sé como he podido permitir que me hagas esto aquí, todos lo han visto, y seguro que se a notado demasiado.
- Y eso… ¿no te encanta? – respondo mientras me levanto, te despido con un beso y te dedico una sonrisa de las mías… de las torcidas, de las de victoria.
- Y eso… ¿no te encanta? – respondo mientras me levanto, te despido con un beso y te dedico una sonrisa de las mías… de las torcidas, de las de victoria.
No hay comentarios:
Publicar un comentario