|
jueves, 29 de mayo de 2008
Fusión
miércoles, 30 de enero de 2008
La prueba del algodón
domingo, 16 de diciembre de 2007
Orgasmo blanco
Necesitaba un fin de semana así. Después de demasiadas dudas y crisis existenciales, lo mejor es recluirte y sufrirlas de lleno, sólo así reventarán dentro de ti y te harán desear poner solución a todo en lugar de lamentarte por dentro mientras a los demás sólo muestras sonrisas fingidas y muy bien interpretadas (esto se consigue tras años y años de tragarte tú solita tus problemas, sin contar con nadie para salir del pozo en que te has ahogado). Mis compañeras de piso se han ido a sus respectivos pueblo/ciudad y yo me he quedado sola en el piso. He salido sólo a comprar comida y tabaco. He apagado el móvil para no tener que disculparme con nadie… ¿Y, qué se puede hacer un fin de semana sola en casa?
Estar sola me permite hacer algo de lo que pocas veces tengo oportunidad: andar desnuda por casa. Eso me hace sentir cada roce con cada fibra que acaricie mi piel, con cualquier tipo de textura o tejido… esa sobre estimulación de la piel te vuelve hiper-sexual, te convierte en absoluta receptora de todo. Llevar ropa durante todo el día hace que nuestra piel se insensibilice, por tanto, pasearse desnuda por la casa hace que cualquier cosa te estimule sexualmente hablando y de este modo, cualquier situación sea susceptible de proporcionarte sensaciones erógenas y pensamientos de los más lascivos.
viernes, 14 de diciembre de 2007
¡Ya! Por favor...
- ¿Estás segura de esto?- ¿Por qué, te da miedo? – te digo, rozando tus labios con mis dedos.
- No me jodas, no es miedo… es sólo que…
Me coloco frente a ti antes de que termines de hablar. Te miro a los ojos, mi cara refleja lo que mi mente quiere hacer y tú pareces notarlo porque algo empieza a luchar contra tu cremallera. Acerco mis labios a los tuyos, sin tocarlos, sin dejar de mirarte, mientras tú coges mi culo fuertemente con tus manos, acercándolo al bulto de tus pantalones. Me miras, crees ser más listo que yo, no quieres caer en mi juego y no me besas. Muevo mis caderas, para notar más tu sexo, dejo escapar un pequeño gemido.
- Joder… ¿porque me dices esto ahora?
- Porque es la verdad – muerdo tus labios, todo lo suave que soy capaz. Rozo con mi lengua tu boca, la introduzco y mezclo con tu saliva. Acojo tu lengua dentro de mi boca, la succiono como si no fuese sólo una lengua.
- Quiero comerte el coño – me dices mientras me miras a los ojos.
- No… - respondo mientras te bajo la cremallera y me arrodillo frente a ti.
.
- No… - trato de decir mientras te lamo.
.
- Sí… -suspiro.
- Estás deseando que te clave la polla…
- Métemela ya, por favor – suplico agarrándome a la barandilla, sin poder respirar apenas, sin saber cuanto podré aguantar esta tortura – por favor… Quiero que destroces, que me folles como a una perra…
martes, 11 de diciembre de 2007
...de este agua no beberé.
No importa quienes nos miren. Ni cuantos ojos se posen en nuestros gestos libidinosos, en nuestros labios húmedos, o en nuestras manos ávidas de rozar la humedad ajena... Siento como tu boca se va deshaciendo en la mía, muerdo tu labio, lo succiono, aprisiono tu lengua dentro de mi boca, quisiera que estuviese así siempre. Ahora paras, me miras coqueta, con esos ojos que harían sublevarse a varios.- Yo no te he obligado a ponerte cachonda – digo con media sonrisa, mientras con mi mano en tu cintura trato de acercarte de nuevo a mi cuerpo y con la otra comienzo a navegar por debajo de tu falda.
Acaricio tu muslo, suave, noto como se eriza tu vello. Estamos sentadas, junto a la barra que está vacía, pero todo el mundo tiene su mirada puesta en nosotras. La música taladra nuestros tímpanos, las luces de colores y los focos hacen que el calor se apodere de nuestros cuerpos.
Mi mano comienza a deslizarse por el interior de tus muslos.
- Para – casi suplicas con miedo reflejado en tu rostro, mientras abres los muslos para ser acariciada. El cuerpo no sabe mentir.
.
- Sólo consigues excitarme más haciéndote la tímida – digo mientras me abalanzo a tus labios de nuevo como un león sobre su presa y muerdo tu lengua.
Mi mano continúa deslizándose por tu piel. Tus muslos, cada vez más abiertos, me están pidiendo ser devorados. Mis dedos comienzan a acariciar tu ingle, casi más bien rozarla. Ahora rozan apenas tu tanguita. Muerdes mis labios, casi sin querer, sueltas un pequeño gemido, ¿no era esto lo que querías?
Aparto el tanga, lo dejo a un lado y noto cómo me deseas realmente, cómo tu humedad empapa mi mano. Noto cómo te excitas. Mis dedos están en la entrada de tu vagina, no llegan a introducirse, sólo la acarician con parsimonia. Mientras, mi pulgar roza con suavidad tu clítoris… Sé lo que sientes ahora mismo... lo sientes ¿verdad? Lo sé porque soy mujer y he sentido lo mismo. Sé que notas ese calor interno, esa especie de cosquilleo previo a un orgasmo que nunca llega, ese calor sofocante, y ese placer casi doloroso que es la excitación que no termina de culminar.
.
Éste es el momento. Introduzco mis dedos en tu coñito, poco a poco mi índice y mi corazón están en tu interior, mojados, empapados, y tu boca, al abrirse para emitir un gemido que al rozar mi oreja hace que mi vello se erice, acaricia mi hombro, lo humedece..
Mis dedos se mueven dentro de ti. Mientras tú suspiras, acaricio tu clítoris y mis dedos en tu interior exploran para hallar tu placer. Intentas besarme pero tu boca no tiene fuerzas para hacerlo y en un momento dado muerdes mi labio con demasiada fuerza, llevada a ello por el placer que te estoy provocando.Quiero, ¡no! Necesito que me supliques que te folle… Necesito que me supliques que te lleve a mi casa, que te desnude lentamente y que te ate a la cama. Que te coma entera. Necesito que me supliques que muerda tus labios (los que aún no he mordido) y que te meta cositas por el coño. Necesito que me supliques que te desgarre, y que te haga sentir lo que ningún hombre te ha hecho sentir. Lo necesito, lo necesito…
.
Pero sólo escucho gemidos, sólo escucho tu respiración entrecortada… y de repente, todo tu cuerpo tiembla, tu boca se abre, buscando la mía, noto el sudor resbalando por tu frente y cómo tu corazón bombea con fuerza. Tus mejillas sonrosadas, tus labios color sangre. Tomas aire...
- Sonia… - me hablas, casi suspiras…- Dime – respondo mirándote con sonrisa torcida, de victoria, de orgullo.- Vámonos a tu apartamento por favor… - dices con carita de niña buena, medio avergonzada.
- Aquí hay demasiada gente - te quejas.
- Estamos muy lejos de tu ciudad, que importa que nos vean - digo intentando calmarte.
- Y eso… ¿no te encanta? – respondo mientras me levanto, te despido con un beso y te dedico una sonrisa de las mías… de las torcidas, de las de victoria.
